sábado, 10 de octubre de 2020

A veces me olvido

 A veces, cuando la tenue luz de la luna apenas ingresa por esos orificios de la persiana, me despierto. Lo primero que veo es una señora, un poco desarreglada, con un camisón del siglo pasado. Tiende a imitarme, a realizar los mismos movimientos que yo. La ignoro. Parece que esa gente no conoce de modales.

El primer pensamiento siempre son mis hijas y mis nietos: ¿Cuántas tengo? ¿Cuántos son? No sé. Ni siquiera haré el intento de recordar sus cumpleaños. Pero, veamos que están dando en Netflix. La libreta que tengo al lado me dice que ya vi esta película y escribí que es una cagada. Pero, no recuerdo haberla visto. Veamos si es cierto.

La gente me tiene cada vez menos paciencia. A veces me levantan la voz, los maleducados. La realidad es que inventan que yo dije cosas. Me dicen que ya pregunté tal cosa y que no pueden repetírmela. No sé qué les costará. Al fin y al cabo, pienso que mienten. No recuerdo haber preguntado eso.

Hoy dicen que me visitaron mis nietos: ¡Qué grandes están! No sé qué hicimos pero se despidieron bien. Aunque me parecieron un poco desubicados sus comentarios acerca de mi ropa. Después de todo es mi casa y al camisón lo uso cuándo y dónde quiero. Mirá si trabajé toda la vida para que alguien me venga a decir lo que tengo que hacer.

A la tarde me llama el mayor. O mi nieto mayor, o creo que eso dice. Me comenta que no pudo venir porque estaba trabajando, pero ¿Venir a dónde? Le sigo la corriente y le pregunto por su chica. No sé por qué se queda callado, ¿se habrán peleado? Insisto y no quiere contestarme. No quiero meter el dedo en la yaga pero me preocupa, además es una buena chica. Con la voz cortada y con un nudo que se ve incluso a través de las ondas electromagnéticas me dice que está bien. Corto y las chismosas de al lado me dicen que me respondió tres veces lo mismo. Bueno, qué se yo. Quizás se pelearon le comento. Pero ¿con quién estaba hablando?

La hora del té siempre fue sagrada. Pero esta banda de desagradecidos no me deja acercarme a la cocina. Inventan que dejé que la hornalla prendida. Ya ni eso la dejan hacer a una.

Los días son cortos pero siempre me las ingenio para ser feliz. Otra vez en mi cama, tranquila y sola. Acompañada de algún buenmozo de Neclfli, o como se pronuncie. Siempre me tienen que corregir. Pero ya estoy grande para esas palabras inglesas. Me parece que ya vi esta película. Quizás debo revisar la libreta. Ah sí, anoté que es una cagada. Pero no recuerdo haberla visto.