lunes, 23 de marzo de 2015

Falta de eduKción

Parece que las órdenes de amor al prójimo y de no agresión que predicaba el kirchnerismo se quedaron en el olvido. Los tapes del programa―ultraoficialista—678 en los que se hablaba de violencia opositora, las predicas de amor de Luis D’elia y las críticas a Periodismo Para Todos por usar un “fuck you” como símbolo, se volvieron obsoletas dentro de los miembros afines del gobierno. Hoy en día está en boga la violencia oficialista.

La semana empezó con los dichos de Aníbal Fernández en contra del difunto fiscal, Alberto Nisman. Con la vehemencia que lo caracteriza, el jefe de gabinete acusó a Nisman de gastar fondos públicos en “chicas y ñoquis”. ¿Qué habrá sido de la vida del jefe de gabinete que arremetía con violencia contra los que se metían con la memoria de Néstor Kirchner? La cosa queda en lo mismo de siempre: “haz lo que digo no lo que hago”. ¿Qué autoridad moral posee un dirigente político que se escapó en el baúl de un auto? Hubiera sido más fácil acusar al fiscal en vida, no cuando ya no puede defenderse.

Más cerca, en nuestra provincia, la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich declaró textualmente ante una víctima de las inundaciones: "Yo tengo diez mansiones, no una, y estoy acá. Yo puedo estar en mi mansión ahora, pedazo de animal, vago de miércoles" Estamos ante la vuelta del alcohol en gel a la hora de saludar a los pobres. La esposa del gobernador respondió de esta manera ante los reclamos de una persona que sufrió la catástrofe. Justamente sacar la cantidad de bienes que uno posee delante del que acaba de perder gran parte de lo poco que tiene.

Derecho a réplica

Aunque ya nada se puede hacer cuando se cometen actos de bestialidad, aunque sea verbal, la senadora pidió una confusa disculpa. Lamentó haber tratado de esa manera a la persona, y acusó sufrir cansancio y estrés. Pero, arruinó todas las disculpas cuando culpó a la oposición de haber armado esta pelea con el vecino.

Anibal Fernández salió en defensa de Rojkés de Alperovich: “Cuando dice lo de las mansiones, que tiene diez pero está acá, eso no es más que la respuesta a un provocador, con lo cual, por más infeliz que sea la expresión lo que está haciendo es respondiéndole a un provocador”.
Aunque no se arrepintió de sus dichos contra el fallecido fiscal.

Poner el ejemplo

Los políticos son las personas públicas de mayor influencia, y son los que deberían poner el ejemplo al pueblo que gobiernan. Si las personas que están en el poder no saben comportarse adecuadamente no deberíamos sorprendernos por la falta de modales que hay en el país.

Desde la prepotencia con que los limpiavidrios arremeten contra el auto de uno, hasta la violencia con la que un automovilista desprecia al pobre que quizás sólo busque juntar unas monedas para comer.
Las discusiones de confitería por conflictos políticos ya no se resuelven en buenos términos, alzar la voz y descalificar la ideología es la moneda corriente de esos lugares.

El kirchnerismo no se encargó de mostrar un buen comportamiento. Con periodistas afines que tiran constantes chicanas a la oposición, con diarios que menosprecian marchas por justicia y con un Ministro de Economía que rechaza el uso de la corbata porque dice estar del lado de la barbarie, del que hablaba Domingo Faustino Sarmiento.


Luego de que Cristina Fernández de Kichner abandone el gobierno ¿Qué le deparará al futuro del país? ¿Podremos romper las diferencias y la separación que el gobierno produjo en la sociedad? El país pasó por peronismo y anti-peronismo durante la década del ’50. Ahora nos encontramos frente a los problemas, la falta de ubicuidad y falta de respeto constante entre kirchneristas y  antikirchneristas.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Los grupos son de Whatsapp

Stephen King, el maestro de la literatura de horror, es autor de la novela Cell. Novela escrita en 2006, que está ambientada en un mundo apocalíptico donde los celulares transforman a los humanos en zombis que no tienen la capacidad de razonar, ni de pensar. En la narración, las personas que poseen teléfonos móviles reciben una señal, que automáticamente los transforma en esos muertos vivos.

El mundo que describe el libro es tan símil al mundo que habitamos, que la línea que separa la realidad de la ficción se vuelve muy delgada.

Esa señal que los móviles, de la novela, recibían, aquí podrían llamarse tranquilamente: Whatsapp, Instagram, Twitter, etc. Estas son las principales creadoras de zombis reales. Son las que obnubilan la mente de las personas y borran la razón de las personas. Encuentre las siete diferencias entre el mundo y la novela.

Es curioso como un aparato, que nació para mejorar la comunicación entre las personas, ha empeorado la manera en que nos relacionamos. Las reuniones entre amigos son cada vez más aburridas. Las conversaciones dejaron de ser cara-a-cara para volverse cara-a-pantalla. Las carcajadas se pusieron en peligro de extinción, ahora la gente, prefiere aplaudir los chistes y los comentarios graciosos, por medio de un “jaja”. La gente ya no atesora en su memoria los momentos especiales. Prefieren que la memoria de su equipo los haga.

Se debe rechazar la tecnofobia, pero también la dependencia del aparato. Debemos aprender los límites y comprender que por educación y respeto el celular debe quedar apagado, o como mínimo pasar a segundo plano en la escena.


Soy partidario de la guitarra, del porrón y de las risas estrepitosas. Guarden sus celulares y miren a la cara a su novia, a sus amigos y a sus familiares. Dominemos al celular, no dejemos que él nos domine. Atesoren sus vivencias en sus mentes, un celular no guarda emociones. No pida la clave del wi-fi en el bar, pida que lo apaguen. Comuniquémonos entre nosotros.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Tema libre: Mis añoranzas

Un viaje de una hora que me desespera y me pone de mal humor. Necesito llegar rápido. Necesito verte.

Al fin, puedo ubicar el lugar donde supo estar―porque ya no está―el cartel que agradecía cordialmente a cada viajero su visita, su pasada por la ciudad de las avenidas.

Saliendo de la ruta ingreso al lugar de la provincia donde soy feliz, donde crecí, el lugar donde por primera vez jugué a la pelota, donde inicié mis estudios.

Aproximadamente a 86 kilómetros del Gran San Miguel de Tucumán no existen tantos autos y al salir de la ruta, debemos circular despacio porque allí los potreros de los niños son las veredas, es el asfalto. Un arco pintado en las paredes de un galpón denota que hace poco se disputó un partido.

Ya llegamos al mediodía, y las madres se acercan a los porches de las casas para gritarles a sus niños que las empanadas ya están y que el partido se posterga hasta que el sol se retire un poco. Seguimos por nuestro laberinto de avenidas y podemos ver que, en este lugar, el vino y la esquina van de la mano. Hoy juega la gloriosa divisa y es motivo para brindar en el barrio, para colgar los trapos en la ventana de tu casa y sentir la angina que provoca la llegada de la batucada.

Nos acercamos a la plaza donde uno supo jugar―ya no se puede―entre arena y toboganes. Hoy el lugar se encuentra lleno de adolescentes y niños que practican el skateboarding, parejas jóvenes que salen a relucir sus nuevos coches y uno que otro resaqueado que vuelve de una noche de farra.

Piso un poco el freno, pongo la primera marcha y dejo que el auto fluya tranquilamente. Podemos ver pintorescas casas, al lado de casas descuidadas y hasta una que otra mansión. Todas con un factor en común: las rejas. Me hace pensar que el lugar ya no es el mismo donde me críe. Donde la gente podía dejar la puerta abierta. Donde unos instalaban una silla en su zaguán y se disponía a tomar unos mates viendo a los niños jugar.

Me dispongo a doblar para seguir derecho por la Avenida Mitre, me dirijo a la zona roja de la ciudad. Tal vez en otros lugares la zona roja no sea un lugar apropiado, pero aquí es el lugar en el que manda el aviador. Hoy se juega fuera de la ciudad y los colectivos llenan del estadio. Las banderas salen por las ventanas y sólo se escucha el Daaaleeee daleee aviadoooor. Los colectivos arrancan y dejan la zona hecha un desierto, todo el barrio se dirige a alentar al club de sus amores.

Me decido a dejar el auto para seguir el resto del camino a pie. El sol está un poco fuerte, pero eso no evita que los recuerdos floten en mi mente. Veo en cada esquina mi primer gol en un partido entre barrios, mi primer golpe en la bicicleta, mis rodillas raspadas, el lugar donde mi abuelo sabía cargarme en hombros.

Levantar la mano para saludar a alguien en la otra vereda es casi automático, allí todos nos conocemos. Las señoras con escobas son las principales portadoras de noticias: de infidelidades, de maridos borrachos, de hijos ladrones, de subida de precio en los supermercados.

Me harté de ver tantas casas, quiero ver algo verde. Los caballos y las gallinas pasan mi lado. Camino yendo hacia los Sarmientos, el pueblo vecino, pero no me dirijo hacia allí. La pista de salud―que era un descampado cuando yo nací―creció bastante. Veo allí los juegos que hace una década estaban en la plaza. Está todo distinto, está feo. El enrejado y los pequeños caminos de cemento le sacaron su pintoresco atractivo.

Alrededor alcanzo a ver una decena de tribunas apostadas en la vereda de tierra. Mi calendario dice marzo, y empiezo a pensar « ¿En qué momento se realizaron los corsos? ¿Ya habrá pasado el festival de la caña de azúcar? » Hasta que la sinapsis me permite recordar que eso no se realizó. Unos violentos le quitaron el color a la ciudad.

Ya está oscureciendo. Los potreros pasaron de ser usados para jugar al futbol a convertirse en lugar de reunión y catarsis. El vino y las puteadas por una mala jugada durante el partido son moneda corriente. Las señoras de los kioscos empiezan a enrejar sus negocios por miedo a que algún borracho tenga un arranque de Mal genio.

Es hora de retornar, inicio el rumbo hacia mi auto. No estoy apresurado, no quiero irme. Mi mano sigue levantada saludando a gente que recuerdo del primario mientras cavilo « ¿Yo también habré cambiado tanto? ». Los ruidos de las motos son el tema en la radio. Miles se dirigen―imprudentemente―a dar un paseo―mientras ignoran los semáforos y se meten en medio de los autos.

A doscientos metros veo un lucero resplandeciente y me pregunto « ¿Qué espectáculo habrá?». Mi curiosidad es más grande que mis ganas de volver. Camino a paso rápido para poder ver qué es.

No siento ruidos, ni veo escenarios y tampoco gran cantidad de gente.

Me detengo obnubilado, sorprendido y con lágrimas en los ojos. No es un espectáculo. Mis ojos se encandilaron al ver un haz de luz. Que en realidad es la plaza, que estrenaba nueva iluminación. La sonrisa se apoderó de mi rostro. Lamentablemente debo darle la espalda y partir, ya es de noche.

No sé cuándo volveré. Espero que pronto. La nostalgia me consume al entrar en la ruta. Los lomos de burro―de la entrada a la nueva ruta―son un golpe al corazón. Sé que no podré regresar hasta dentro de mucho. Me despido de vos mi Aguilares querido.

lunes, 2 de marzo de 2015

01/03/1984

Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de todos los argentinos, ¿reabrió las sesiones en el Ministerio de la verdad? ¿O en el Congreso de la Nación? Difícil de contestar ya que el discurso de tres horas y cuarenta minutos (el más largo desde que está al mando del poder ejecutivo) fue, prácticamente, una imitación de las telepantallas que aparecían en la película 1984; una adaptación de la famosa novela de George Orwell.

Observada por senadores y diputados, tanto oficialistas como opositores, y esperada por más de cien mil miembros del partido que la esperaban en Plaza de Mayo. La presidenta lanzó un discurso en el que se encargó de enumerar sus logros desde que está al mando del país. Si es que puede considerarse como logro los datos proporcionados por el INDEC.

En el discurso nos enteramos entre otras cosas que la República Argentina ha sido desendeudada definitivamente, que el desempleo es del 6,9% y que nuestros nuevos aliados económicos "Son chinos, pero no son tontos".

El poder judicial actuó de Emmanuel Goldstein, el enemigo en el discurso. "¿Saben a quién citó el P... Iba a decir el Partido, el Poder Judicial?". La Gran Hermana fue vitoreada por todos los miembros de su partido durante cada embestida a los jueces, que pagaron la factura por haber marchado el 18 de febrero. También se encargó de acusarlos de corrupción por los hechos que sucedieron durante la época neoliberal "Nunca del Poder Judicial citaron a los que vaciaron todo".

El Winston Smith de la obra; aquél personaje sumiso, sin voz y que solo puede atinar a quejarse en sus adentros; fue interpretado por la oposición. No tuvieron voz, ni tampoco asistentes en el acto. Se limitaron a gesticular y a mirar, tarea no muy diferente a la que suelen cumplir.

Finalizando su orwelliano discurso la mandataria argentina habló sobre el país que le dejará al próximo presidente: "Yo no dejo un país cómodo para los dirigentes, yo dejo un país cómodo para la gente" sentenció Cristina. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Nosotros y Ellos. Peronismo en estado puro

Hace unos días Cristina Fernández de Kirchner, ¿La presidenta de todos los argentinos? ¿O sólo de ellos? ¿O tal vez de nosotros? El problema en cuestión es: ¿Qué país gobierna? Un país con 44 millones de habitantes o uno compuesto por 23 millones de habitantes (el 54% de la población). La mandataria argentina hace constantes alusiones de unos tales nosotros y unos tales ellos. Se evidencian en frases como:Nosotros nos quedamos con el canto […], y a ellos les dejamos el silencio”. Una frase cargada de violencia simbólica ¿Dónde está el amor que predicaba la presidenta y los distintos kirchneristas?

Si nos adentramos en la rica historia de nuestro país, observaremos que la Nación Argentina se formó a partir de una gran división: unitarios y federales. Dos bandos que se enfrentaban en sangrientas batallas para quedarse con el control del país. Los mismos que provocaron el exilio del Gral. San Martín, que decidió exiliarse para evitar ver el enfrentamiento armado entre hermanos argentinos.

Sin embargo, hay un ejemplo más cercano en el tiempo, un ejemplo del que prácticamente deriva el kirchnerismo.

La década del ’50 fue testigo de una división casi tan grande como la de unitarios y federales, el país fue segmentado en peronistas y anti peronistas.

El que ocupaba el sillón de Rivadavia en esos tiempos era el General Juan Domingo Perón que con discursos como: Hemos vivido dos meses en una tregua que ellos han roto con actos violentos […] La contestación para nosotros es bien clara. Hay veces que se confirma que la historia es cíclica como se observa: “Ellos buscarán diversos pretextos […] estaremos todos nosotros para oponer a la infamia, a la insidia y a la traición de sus voluntades nuestros pechos y nuestras voluntades”. Pareciera un juego de encontrar las siete diferencias.

Aunque el kirchnerismo no fue hasta los extremos que llegó el general: “a la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor […] nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente”. No se puede ser injusto, el gobierno de turno no quemó iglesias, ni sedes de otros partidos; tampoco predicó el enfrentamiento armado entre argentinos. Solamente uso un tipo de violencia diferente, más leve, pero que no por eso deja de ser violencia en fin.

Hoy, primero de marzo, Cristina Fernández se encargó de respetar muy bien las enseñanzas del líder supremo de su partido: “La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta”. Inmediatamente después de la marcha en homenaje al fiscal Nisman, organizó una convocatoria para el reinicio de las sesiones en el Congreso de la Nación. Un acto que, esperemos, no haya implicado el uso de fondos públicos para su realización.

Al paso que el país avanza, dentro de unos años deberemos hablar de cómo el gobierno dividió al país. De cómo quedamos enfrentados hermanos argentinos contra otros hermanos compatriotas. Peronismo y kirchnerismo son caras de una misma moneda―en más de una ocasión la presidenta se reconoció a sí misma como peronista―ambos gobiernos se encargaron de denigrar al que piensa distinto; de perseguir al distinto, uno con fuego, el otro con conexiones ridículas con la dictadura, llamándolo soldado de clarín. No soy nosotros, no soy ellos, no soy kirchnerista, no soy radical. Soy argentino y quiero manifestarme en la libertad que permite la democracia. La misma que un argentino afín al gobierno se merece. La misma que nuestra presidenta, y distintos personajes del gobierno o en relación con él, denigraron el pasado 18 de febrero.