miércoles, 22 de noviembre de 2017

¿Asterion o Minotauro?

Quizás no me comprendas. Yo tampoco me entiendo demasiado. Tal vez, los constantes golpes me hicieron así. Probablemente no te importará y querrás pelear, pero será inútil. Te lo aseguro.

Debajo de este gran cráneo, además de poco seso, hay un verdadero laberinto cretense. Un monstuo habita allí, una verdadera bestia. Todos los días duerme, pero con el tiempo sale. Y se enoja cuando lo alumbra la luz, ama la oscuridad. Un mínimo rayo de esperanza lo exalta. Aflora ese egoísmo estúpido; esa autodestrucción constante que daña a los seres más cercanos. Obvio, no lo entenderás, no tuviste tiempo.

El bicho durmió durante dos semanas pero las ganas de ser feliz lo despertaron y todos su miedos se enraizaron en la corteza encefálica. Y, como se esperaba, no generaron nada bueno. Salieron los miedos, las inseguridades y la tristeza -que creía muerta.

Por un momento -de verdad- creí que tenías el hilo de Ariadna para guiarme. Pero una cornada de la bestia lo cortó. Y arrebató lo poco que construiste -construimos-.

Lo intentaste, por lo menos. Donde muchos vieron un Minotauro, vos viste un Asterión de Borges. Donde muchos vieron una bestia insensible, vos viste un niño traumado. Donde muchos vieron un egoísta, vos viste a alguien con buenas intenciones que no siempre funcionan. Por eso te digo gracias.

Gracias. Gracias por las mejores discusiones. Gracias por las charlas aburridas y por las divertidas. Gracias por los más heterogéneos temas. Gracias por la sonrisa de las mañanas. Gracias por la de las noches. Gracias por creer en mí. Gracias. Gracias de verdad. Algún día comprenderás que fue lo mejor -para vos.

Ahora la bestia se calma. Escribe un poco y se controla.

Aunque, nunca se sabe cuándo llegará el próximo sacudón.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Crónica del día más triste de mi vida

Y otra vez la enfermedad te había golpeado en la pera. El puñetazo te dejó en la lona, esa que besabas muy seguido últimamente. Tendido en el frío suelo del baño, peleabas por levantarte.  Sabías que era una batalla perdida. Hace tiempo que no tenías fuerzas para hacerlo por vos mismo. Pero era humillante pedirle a tu jermu o a tu nieto que te ayudaran.

Un fuerte golpe de huesos llegó a mis oídos. Corrí, sabía que no estabas bien. No te iba a dejar solo nunca, por más que tu orgullo hubiera preferido alejarme.

Llegué y te vi llorando. Vos, el mismo que me decía maricón cada vez que derramaba lágrimas. Vos, el que puteaba a todos los hombres que se quebraban. Vos, el del carácter rudo, el del sempiterno rostro dusto. Vos, mi boxeador de la vida.

Concentré todas mis fuerzas para levantarte. Pero fallé. Intenté y no pude. Probé de nuevo y me di cuenta con que eran inútiles mis esfuerzos. Caí en que no me sirvió de nada el ejercicio, seguía siendo el mismo flaco de siempre. 

Tuve que llamar a alguien más. Tristemente fue demasiado tarde cuando llegó.

'Acomodá el cuello', te dije. ¿Por qué no contesta? ¿Por qué no me hace caso? ¿Por qué no parpadea? ¿Por qué me mira fijo? ¿Qué son esos espasmos? ¿Por qué no habla? ¿Por qué no reacciona?

La ayuda llegó y te sacamos en camilla. De nada sirvió: ya eras un peso muerto.

Faltaba que alguien me lo confirme pero yo ya lo sabía: me habías abandonado. Tomé el celular y le escribí a alguien para contarle lo que pasó. Necesitaba un abrazo. Necesitaba explotar todas esas lágrimas. Le hablé a ella. Ese día descubriría quién era mi mejor amiga.

Se acercaron a la pieza y, aunque ya lo sabía, me dijeron: 'El abuelo está muerto'. Mi mundo se derrumbó. Exploté pero tuve valor para comentárselo a mi padre, a mi familia y a mis amigos. Hoy los necesitaría.

Nunva había llorado tanto, nunca lloraría tanto como esa vez. Aunque a él no le gustaba, creí que cada gota que derramara era un homenaje a su memoria. A los partidos en Newbery, a las hamacas en la plaza, a los partidos en bares, a las tardes de pelota, a las peleas, a las discusiones, a los abrazos y a todo lo que él significaba.

Tres horas después pude reír porque te llevaría para siempre conmigo.