miércoles, 30 de agosto de 2017

Acorralado

Volvieron esas noches. Aunque si lo pienso bien ¿alguna vez se fueron? Sí, dormí tranquilo pero el fantasma siempre me miraba desde la esquina. Sentado, acechando, alimentándose de la angustia que corroía mis entrañas.

Pienso. Reflexiono todo el tiempo. Por un momento, estoy contento. Pasa un segundo y ya estoy triste. A los diez minutos estoy enojado, furioso. Como a la hora llega el llanto. La tristeza me abruma y sólo encuentro consuelo en la fe. Leo y la palabra me ayuda. Me da la seguridad de que mañana será otro día y de que en algún momento seré recompensado. Cierro las páginas. Suelto el libro y vuelvo a la cama.

Estoy enemistado con el colchón. Dejó de ser mi compañero favorito. Ese objeto que me sacaba el estrés y en el que tan bien la pasaba. Hace tiempo que este rectángulo con resortes se convirtió en penitenciaría, en una caja ladrona de mis últimas esperanzas. Allí lloro. Todo el tiempo.

Todavía quedan los resortes rotos; resabios de tu perfume y una memoria perfecta que dibuja, con precisión arquitectónica, tu cintura. Te recuerda levantándote, levantando la ropa y despidiéndote. Recuerda todos los cuerpos que intentaron reemplazarte pero fracasaron. Mi memotia te añora y pide a gritos ser borrada. Ya no quiere sufrir más.

Y así es un día tras otro. De día soy una fiera que sale a ganarse el pan. De noche, cuando la verdad sale, soy la presa más vulnerable. Tus recuerdos están a mi acecho.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Materia inerte

Oscuridad. El negro más puro de todos. No sé si mis ojos están abiertos o cerrados. Sé que es un lugar triste. Lo percibo en el ambiente. Un vaho húmedo se impregna en mi rostro. Ya sé dónde estoy. No puedo creer que haya llegado hasta acá para arrojar mis tesoros: materia intangible.

Realizo un viaje onírico para llegar hacia ese lugar tan recóndito. Atravieso tristezas y alegrías; recorro dolores y pasiones. Hay de todo y me sorprende. No puedo creer que en un lugar tan oscuro esté un viaje tan hermoso, un beso tan mojado y hasta una cena de egresados ¿Cómo habrán llegado hasta acá?

Todo se borra ante mí. Los atomos más pequeños son exterminados en este vacío. Pienso un poco, un solo segundo. Hasta que por fin decido arrojar la bolsa con basura.

Suelto la materia inerte. La dejo al lado de las demás mentiras que viví. Allí se quedarán para siempre. Hoy firmo su sentencia de muerte: no hay nada peor para un recuerdo que morir en el rincón más oscuro del olvido.

Camino. No quiero voltear mi cuello. Con cada paso me desprendo de un momento. Allá se va esa lluvia torrencial que me perseguía. Veo pasar, como si fuera ayer, ese frío día de junio. Me duele alejarme de tantos festejos, tantas risas. Pero al final de todo confirmé lo peor: eran mentiras. Tienen bien ganada su sepultura en ese cuarto oscuro.