Y la encontré: tímida, callada y con el autoestima derrumbado. Una lágrima de tristeza rodaba por sus mejillas. Sus ojos negros -tan hermosos como el plenilunio- sólo eran capaces de mirar el suelo. "Qué bonita puede llegar a ser la tristeza", pensé cuando la vi. Sin pensarlo, me acerqué hacia ella. Tenía la cabeza en blanco pero una extraña fuerza me movió hacia ella. Quizás esas ganas de pintarle el mundo de otra manera.
Te asustaste cuando me viste. Trataste de alejarte cuando quise levantar tu rostro. Sólo la luna era merecedora de esas pupilas brillantes. Me corriste la mirada, no me tenías confianza. Intenté ganármela con unos cuantos comentarios inentendibles. Eso te te hizo reír y mostrar esos dientes perfectos. No te diste cuenta pero la lágrima cayó y no volvió a aparecer en tu rostro.
Bastó una sola sonrisa tuya para venderme otra realidad. No necesitaba nada más simple y sencillo.
Así caminamos y caminamos. No nos tomamos de las manos, sabíamos que eso era un lugar demasiado común para nosotros. Los lapachos del parque hicieron de alfombra para nuestros pies. Y allí, con vos a mi lado, pude comprender algo importante: mi mirada había cambiado.
Las ramas de los árboles ya no parecían tenebrosos brazos esqueléticos; la primera llegó y adornó las copas. Las calles no estaban oscuras; el sol descendía indiferentemente sobre nosotros, iluminaba nuestro paseo. Ya no veía un rostro plagado de lágrimas; me perdía en una sonrisa de dientes infinitamente blancos. Todo era diferente.
Fuimos compartiendo momentos, escapadas, palabras. Hasta te regalé mis mejores cuentos. Vos, y tu cara de luna creciente, me dieron lo único que necesitaba: esperanza en un futuro mejor. Creencia en que todo iba a estar bien. No te lo dije, obviamente, pero te lo agradezco.
No creí que se acabaría tan rápido. Pero, quizás, era lo mejor. Éramos demasiado grandes para algo tan pequeño. No lloré cuando nos despedimos. No hubo sentimientos de tristeza en mi cabeza. Sólo tuve palabras de agradecimientos para vos. Para vos y tus ojos. Para vos y tu sonrisa. Para vos y tus charlas eternas. Para vos y tus ganas de escuchar.
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