Tenía 7 años cuando todo se pudrió en el país. Aunque, la crisis empezó 2 años antes para mí, cuando mi papá se quedó sin trabajo y tuvo que emigrar de Aguilares.
En ese tiempo todo era normal para mí. No me parecía raro ver a mi viejo sólo los fines de semana. No me era extraño vivir con mis abuelos durante la semana. Tenía todo muy naturalizado. No extrañaba la pequeña casa de dos habitaciones en la que había vivido. Ese pequeño departamento en el que tenía que compartir pieza con mis hermanas. Los niños no dimensionan el esfuerzo de sus padres.
¿Recuerdan de la Navidad de 2001? Yo sí. Fue el año en que dejé de creer que había un niñito Dios (otros lo llaman Papá Noel) porque mi mamá tuvo que explicarme que no alcanzaba para las cosas que había escrito en mi cartitap. Tuve que conformarme con un par de medias. Años después, me sentí mal y lloré porque me enteré que muchos chiquitos no tuvieron ni cena de navidad, ni almuerzo, ni desayuno, ni leche.
Aprendí a jugar tarde al fútbol, porque no tuve la suerte de muchos. Aprendí a patear la pelota gracias a mis compañeros -infinitas son las gracias-. Mi viejo estaba ausente pero no por decisión propia, sino porque quería darme un mejor futuro. Sin embargo, en ese momento no lo comprendí así.
Festejaba cada sábado que mi viejo venía. Lloraba cada domingo en el que tenía que partir. Hoy, puedo decir: gracias por todo, viejo.
¿Crecieron con tickets en lugar de billetes? Yo sí. Recuerdo que me enojada con mi madrina cada vez que me regalaba uno. No le creía que esos papelitos valían 5 pesos, me daba vergüenza llevarlos al kiosco del colegio. No tenía la cabeza para comprender que esos 5 pesos equivalían a gran parte de su sueldo. Ahora me siento estúpido por haber hecho esos berrinches.
Duele recordar esas peleas con mi vieja -que en esos momentos hacía las veces de papá y mamá-. Era diciembre de 2001, unos días antes del helicóptero, recién empezaban las vacaciones de verano. Hacía mucho calor, quería un helado y se lo pedí. Ella se negó, no se podía salir a la calle en esos momentos. Pero yo era un niño, no lo entendía. No sabía el peligro que corría.
Hoy la culpa me carcome. En esos momentos me negaba a comer polenta y el arroz. Desearía haber comprendido que había Barbaritas sin comida en esos momentos.
Gracias al 2001 perdí mi casa. Tuve que dejar a mis abuelos. Alejarme de mis amigos (gracias a Dios los mantuve). Abandonar mi querido Aguilares. Perder todo lo que quería en esos momentos. Es por eso, y muchas cosas más, que no le deseo a nadie un nuevo 2001.
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